COVID-19 y los Nuevos Retos para las Ciudades.

[Fotografía: Carlos López Ayerdi]

Ninotchka Matute

Arquitecta Urbanista

 

El mundo no será el mismo después del COVID-19, cuando volvamos a salir de nuestras casas, la perspectiva será completamente distinta, el contacto físico con otros seres humanos habrá perdido espontaneidad, serán pocos los que se atreverán a traspasar la barrera del metro de distanciamiento, nosotros mismos tendremos más consciencia de nuestra vulnerabilidad y de nuestra potencial capacidad como entes infecciosos deambulando por la ciudad.

Los arquitectos, nos sentiremos un poco culpables de ese placer que nos dio ver las imágenes de la ciudad vacía, las calles sin autos, las veredas sin gente, las plazas vacías, el hermoso portal en plenitud, culpables porque la ciudad debe ser para la gente, sin embargo la manera en que las hemos venido construyendo no ha cumplido con su objetivo que básicamente es facilitar la existencia de los seres humanos en su hábitat construido, promover el encuentro, mejorar la calidad de vida de las personas, dignificar la existencia de la gente. Eso no sucede en nuestras ciudades, muy por el contrario la vida urbana se ha vuelto una tortura para todos. Trasladarse de un lado a otro en vehículos destartalados, contaminantes, peligrosos, horas en estas máquinas de la muerte apretados cada uno con su dignidad hacinada con la del otro, incluso los más afortunados dedicando 60 horas de vida al mes para ir y venir por las congestionadas avenidas.

La pandemia y sus imposiciones de aislamiento social, el “quédate en casa” el “lávate las manos”  el tele-trabajo que para algunos parecieran requerimientos sencillos de cumplir ha evidenciado con brutalidad que no todos vivimos igual, que la desigualdad es un tema que abarca todas las dimensiones de la existencia humana, más allá de los ingresos y la riqueza mal distribuida, la desigualdad en la forma de habitar las ciudades sorprende porque es radical, porque las ciudades no están diseñadas para resguardar la integridad de las mujeres, ni para que puedan ser recorridas por quienes presentan necesidades diferentes, ni para los niños ni mucho menos para los ancianos, de la misma manera que no posibilita el acceso a una vivienda digna. El hacinamiento es una realidad que transforma el “quédate en casa” en un foco de contagio inimaginable y el “lávate las manos” en una exigencia imposible para muchas familias que no tienen acceso a agua potable ni jabón. La posibilidad de estudiar a distancia y poner en práctica el teletrabajo es también una posibilidad accesible para un número reducido de familias. En Guatemala se dice que existen más teléfonos celulares que personas, aunque esto sea así, la cobertura o un adecuado plan de datos sigue siendo un lujo que no está al alcance de la mayoría.

Los urbanistas venimos proponiendo un ordenamiento territorial que privilegie ciudades compactas y densas, vivienda social central, accesible a los servicios urbanos, con espacios públicos suficientes para lograr compensar el escaso metraje construido en las casas y mantener cierto nivel de calidad de vida  también sistemas de transporte colectivo por sobre la infraestructura vial dedicada al transporte privado del automóvil individual. Todas propuestas válidas y necesarias para la planificación de mejores ciudades pero que hoy a la luz de los requerimientos del COVID-19 deben ser abordadas desde una perspectiva más amplia.

Cuando volvamos a salir a la ciudad, tendremos que superar dentro de muchos aspectos, los síntomas de la agorafobia que la pandemia nos dejará instalada, el temor a salir a espacios abiertos de encuentro y reunión de personas, el temor a viajar en un transporte colectivo atochado de personas, el temor a volver a los asentamientos hacinados de las poblaciones menos afortunadas.

La ciudad después del COVID-19 deberá asumir una serie de retos inesperados. El futuro del urbanismo y la arquitectura tendrán que responder a nuevas exigencias, posiblemente la arquitectura se vuelva más “higienista” y los materiales que se usen serán aquellos que permitan repeler mejor  las bacterias, los microbios y los virus. Los espacios públicos deberán volverse imprescindibles para el desahogo de las viviendas mínimas. El transporte público deberá volverse más eficiente para evitar aglomeraciones y claramente dejar de invertir en infraestructura para vehículos privados.

Muchas empresas como los contact center habrán podido evidenciar que sus edificios e infraestructura instalada no deben ser tan grandes y cambiar esas enormes inversiones en la capacitación de sus empleados para el teletrabajo y en la dotación de equipos informáticos y accesibilidad a internet.

Los estados podrán darse cuenta que las inversiones deberán encauzarse no solo a la dotación de servicios básicos sino también a una mayor cobertura de internet, la tecnología de las muy en boga Smartcities deberá ponerse al alcance de todos los ciudadanos para optimizar procesos como el transporte, para reducir trayectos de desplazamiento, para detección de enfermedades y para el temprano diagnóstico médico a distancia, por ejemplo.

Los ciudadanos y los gobiernos locales y nacionales deberán enterarse de una vez por todas que hay que privilegiar la salud por sobre la economía, la calidad de vida por sobre la productividad acelerada, el conocimiento por sobre la educación tradicional y por sobre todo minimizar el impacto que el ser humano produce en la naturaleza, sí algo nos ha permitido esta pandemia es experimentar el privilegio de convivir con otros seres vivos en el planeta, de volver a escuchar y ver pájaros que habían desaparecido de las áreas urbanas, diversas especies que ante la ausencia de seres humanos se han atrevido a entrar en las ciudades, sin miedo al depredador ausente, las aguas de canales, ríos y lagos se han vuelto a ver cristalinas y la calidad del aire ha bajado considerablemente sus niveles contaminantes. Las familias se han organizado para consumir lo justo, incluso se han implementado pequeños huertos en casa.

Con el aislamiento nos hemos alejado físicamente de las personas que amamos pero nos hemos acercado a ellas a través del lazo indestructible del amor.

Las ciudades sin gente se ven hermosas, pero claramente dejan de tener sentido, si algo ha de dejarnos esta época compleja y difícil es esa consciencia de que veníamos mal pero podemos hacerlo bien, las ciudades son nuestro hábitat, debemos construirlas sin depredar la naturaleza, debemos diseñarlas hermosas y accesibles para todos.

Los seres humanos somos gregarios, nos necesitamos unos a otros, los retos de hoy han sido parejos para todos sin embargo algunos pueden responder mejor que otros, la solidaridad, el colectivismo pueden definir la ruta para el reencuentro de las personas en ciudades que nunca deben dejar de ser para la gente.

 

Guatemala, abril 2020.

 

 

 

4 Grados Norte y Fundación Crecer

por Jeanne Samayoa, 27 de Marzo 2020

4 Grados Norte y Fundación Crecer


Crecer lleva 12 años repensando la forma de Hacer Ciudad en Guatemala. 

 

Nacimos a raíz de un experimento, de una necesidad: caminar en las calles de la ciudad.  Para esto, el lugar que naturalmente se prestó, fueron las calles en diagonal de la zona 4.

Así nace 4 Grados Norte en el 14 de febrero del 2001, con la intención de hacer un Distrito cultural donde su corazón fuera un eje peatonal y en las demás calles, se prioriza al peatón sobre el vehículo.  Esta era una zona muy propicia a reinventarse porque estaba subutilizada y geográficamente muy bien ubicada, cerca de la zona 9, 10, 1, 2, 15 y 5.  

Fue un éxito rotundo, demostró que los guatemaltecos queríamos salir a la calle en condiciones seguras y disfrutar del espacio público, la cultura y entretenimiento de calle.  

Fue tan exitosos, que hasta se volvió víctima de su propio éxito.  

 

En ese primer experimento, hubieron unas lecciones muy valiosas, como generar una visión compartida entre los distintos actores.  En la visión de este Distrito, no se logró visualizar la importancia de socializar la propuesta con los vecinos y que se sintieran parte de ella.  Empezaron algunas ventas de licor y las personas empezaron a tomar en la calle. Aparecieron los cuidacarros y con ellos venta de drogas, luego otro lugar que las vendía y poco a poco, esas calles llenas de cultura y familias, empezaron a cambiar.

 

Para mantener la preservar la visión, se crea Fundación Crecer con la segunda gran intervención urbana en 4 Grados Norte: La Plaza de la República.  Esta plaza es una reivindicación al Espacio Público de calidad, ya que la plaza existía, para conmemorar la revolución del 11 de Marzo, pero la habían anulado para darle prioridad a los carros.  Así en la 7 avenida, había un momento donde se anchaba y luego regresaba a sus carriles habituales.  

En esos años, en la Municipalidad de Guatemala, nació Urbanística: Taller del Espacio Público, quien ya tenía en su mirada el trazar un Corredor Central Norte/Sur en la 6 y 7 avenida.  Parte de sus activaciones para darle vida era la Plaza de La República.

Nace Fundación Crecer como un articulador público/privado para hacerlo una realidad.  El plan: hacer sótanos de parqueo que impulsaran la creación de edificios alrededor de la Plaza y priorizar al peatón dentro del barrio de 4 Grados Norte y arriba hacer una plaza hermosa, con banquetas anchas, una buena escultura, bancas hermosas (@bancaaurorafc) y arborización , para lograr un espacio público de muy buena calidad. 

 

Este es nuestro orígen.  A raíz de esto, nos dimos cuenta de la importancia de lograr una visión compartida y empezamos poco a poco a articular actores para hacer festivales que le dieran vida a la calle peatonal que habíamos abandonado.  Los locales decidieron cerrar para dejar de atraer personas, pero la visión siguió viva. Ayudamos a impulsar el PLOT que ha sido clave en el desarrollo de la calle, motivamos ampliaciones de banquetas, murales en los muros, seguridad en el barrio, y generamos comunidad. 

Estamos conciente de que la construcción de 4 Grados Norte ha sido la suma de varios sueños, atrevimientos, emprendimientos y desarrollos. 

Es una Co-creación de ciudad de la cual hemos sido parte, promoviendo una visión de ciudad más humana.  

4 Grados hoy sigue en construcción con la visión de una ciudad más humana y sostenible.

 

 

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Espacios Vacíos: Índices Arquitectónicos de Barrancos en la Ciudad de Guatemala

by Melanie Ford, 22 agosto 2019

Artículo publicado originalmente por el CASTAC Blog, el blog oficial de Comité de Antropología de la Ciencia, Tecnología e Informática.

Link de la pubblicación:

 

Nota de traducción: En la versión en inglés de este post, la autora usa la palabra “void” para separar el vacío (the void) de su definición comúnmente entendida como espacios vacíos. Sin embargo, la palabra “vacío” en español se usa doblemente para denotar un espacio geográfico y físico sin masa. La autora reconoce esta lingüística conflictiva y continúa utilizando la noción de vacío para demonstrar cómo vinculan el lenguaje y la percepción especial.

 

 

Profundos barrancos en forma de cañón fracturan el cuarenta y dos por ciento de la ciudad de Guatemala. Cubiertos de espeso, húmedo y denso follaje, estos barrancos son sitios ecológicos de polémica para los residentes a la Ciudad de Guatemala, quienes a menudo han descrito los barrancos como límites físicos que desconectan a su ciudad. Son oportunidades para vertederos de basura que están fuera de la vista, fuera de la mente; viviendas informales para pandillas, violencia y los más pobres de la ciudad [1]; así como lugares precarios donde más se sienten los daños causados ​​por terremotos, inundaciones y deslizamientos de tierra. Sin embargo, en el 2006, la municipalidad de la ciudad reclasificó estos barrancos como un “Cinturón Ecológico Metropolitano,” identificándolos como sitios que necesitan atención ecológica y de desarrollo. Arquitectos en particular se han interesando especialmente en estos barrancos, abogando por diseños con una mentalidad sostenible que puedan desarrollar y conectar estos barrancos con el paisaje más amplio de la ciudad. Argumentan que los barrancos son espacios subutilizados y contaminados que trabajan en contra, en lugar de a favor, del ambiente construido. Interesada en la clasificación y producción de espacio, a continuación yo describo las condiciones que llevaron a los arquitectos a reconocer los barrancos como sitios con potencial de desarrollo en la Ciudad de Guatemala. Para ser designados como espacios para el desarrollo, sostengo que los barrancos primero necesitan ser redefinidos volumétricamente y epistémicamente, revelando nuevos parámetros para pensar sobre dónde puede residir el ambiento construido.

En el 2008, la Ciudad de Guatemala implementó el primer plan de desarrollo en todo el país. El plan, conocido como POT o Plan de Ordenamiento Territorial, literalmente y metafóricamente colocó los barrancos en el mapa. A través de un diseño algorítmico, los planificadores urbanos de la municipalidad designaron cualquier terreno que contuviera una pendiente de más de cuarenta grados como un sitio de atención especial para la conservación ecológica. Esos terrenos se reconocieron formalmente como “barrancos.” Este método de definir los barrancos fue influenciado por la creciente preocupación por la seguridad de quienes viven dentro de ellos. En respuesta, el fallecido alcalde Alvaro Árzu aludió a que con un plan de desarrollo que privilegiaba sostenibilidad, se podría dar mayor atención a las geografías que ocupaban casi la mitad de la ciudad pero que rara vez se les daba a un nivel formal. [2] Por lo tanto, debido al diseño algorítmico de POT, los barrancos recibieron límites legales y topográficos. Esta recién atención a la topografía de la ciudad proporcionó a los barrancos una nueva definición, una que enfatizaba su volumen. Desde este punto en adelante, el territorio de los barrancos incluía no solo las pendientes geológicas laterales, pero también el espacio vertical, tridimensional entre las mesetas de los barrancos y las grietas de los barrancos.

Posteriormente, en el 2010, un grupo de arquitectos guatemaltecos locales se unieron en torno a una idea para utilizar los barrancos como sitios para la transformación y mejora de la infraestructura de la Ciudad de Guatemala. Juntos crearon el colectivo Barranco Invertido como un esfuerzo organizado para diseñar el espacio vacío y vertical de los barrancos como sitios productivos de la ciudad. [3] Cuando hablé con los arquitectos sobre sus visiones para los barrancos, con frecuencia ellos señalaron cómo la forma única de cada barranco producía territorio nuevo y único que aún no se había estudiado. Al hacerlo, argumentaron que el diseño de los barrancos haría que la ciudad fuera más cohesiva al evaluar la mejor manera de utilizar cada barranco para satisfacer las necesidades sociales y ecológicas de su ambiente local. De manera crucial, también distinguiría la ciudad de Guatemala de otras ciudades en desarrollo en todo América Latina. En lugar de ser vista como otra ciudad latinoamericana subdesarrollada, la Ciudad de Guatemala podría convertirse en un sitio del siglo XXI que muestra un sentido de modernidad a través de una implementación cuidadosa del diseño sostenible y el desarrollo idiosincrático. En otras palabras, en lugar de ser vista como una ciudad anónima, subdesarrollada y desorganizada—como sostienen a menudo las suposiciones occidentales de las capitales urbanas en el Sur Global—la Ciudad de Guatemala podría empezar a construir una reputación internacional por sí misma al centrarse, enfatizar, y desarrollar sus barrancos como topografías distintivas que representan a Guatemala como un sociedad sostenible y moderna.

A Favor y En Contra de la Verticalidad

Cuando ha escrito sobre la búsqueda de modernidad en las ciudades posguerra en América Latina, Beatriz Jaguaribe sostiene que “las ciudades capitales tienden a exhibir una simbología de arquitectura deliberada que las distingue de otras ciudades. Simbolizan la construcción o las varias construcciones de un panteón nacional” (1999: 326). Del mismo modo, los paisajes distintivos de los barrancos tienen el potencial de convertirse en sitios únicos y estéticos que exponen a la Ciudad de Guatemala como un lugar que tiene individualidad geográfica y también como una ciudad con legibilidad internacional en el contexto más amplio de la planificación urbana, el desarrollo sostenible, e igualdad social. La preocupación por la igualdad social influencia la imaginación de los arquitectos por los barrancos. Dado que el cuarenta y dos por ciento del territorio de Guatemala son grietas profundas y verdes, los arquitectos están interesados en como la ciudad podría utilizar mejor estos espacios verticales y negativos para el mejoramiento social y al mismo tiempo conservar su diversidad ecológica. Para mejorar la ciudad, los arquitectos primero identificaron algunas maneras en que las formas verticales y geológicas de los barrancos provocan o mantienen desigualdades sociales. Un arquitecto señaló un asentamiento informal al fondo de un barranco, mostrándome cómo viven los ciudadanos más pobres de la Ciudad de Guatemala en las profundidades del barranco mientras que los residentes más ricos de la ciudad residen arriba de los barrancos. Barrancos, sugirió, ayudan a apoyar una jerarquía física y social dentro la ciudad. Los antropólogos también han señalado a los barrancos como sitios que influyen mucha movilidad social en la Ciudad de Guatemala. Como Kevin Lewis O’Neill y Benjamin Fogarty-Valenzuela han teorizado, “Para empezar, la verticalidad marca otra estrategia más por la cual la clases mas altas abandonan el espacio público; elevándose por encima de los pobres, los marginados, y los violentos, se relacionan entre sí mismos o entre sí pero no con sus conciudadanos de abajo…La verticalidad estratifica a la sociedad una estrato sobre otra” (2017: 379). Los geógrafos culturales han señalado a lo largo como un orientación vertical puede abrir nuevas perspectivas dentro dimensiones sociales y complexidad urbana (Battaglia 2012; Braun 2000; Harris 2015).

Los arquitectos de Barranco Invertido están aprovechando la verticalidad, exceptuando la de los rascacielos, que definen cada vez más el horizonte de la ciudad. Al diseñar los actuales barrancos con la forma vertical de la ciudad, los arquitectos argumentan que lo hacen imbuido con el llamado “buen diseño.” Buen diseño es un neologismo crítico para mis interlocutores. Se define de manera general como el conjunto de prácticas y técnicas que mejor se ajustan a las intenciones de algún proyecto de diseño (Hayward 1998). Citando movimientos arquitectónicos contemporáneas como los Urbanismos Ecológicos (Mostafavi and Doherty 2016), los arquitectos de Barranco Invertido están profundamente comprometidos con la relación entre la igualdad social y sostenibilidad en sus practicas de diseño. La conservación es para los arquitectos ambas ecológica y cultural, donde diseñar bien con el medio ambiente (en lugar de construir sobre el medio ambiente) podría mejorar la igualdad social en la Ciudad de Guatemala. Por lo tanto, los arquitectos a sí mismos se preocupan por la cuestión de cómo unir la ciudad de arriba con la ciudad abajo, y con el menor impacto ambiental posible. Como Esteban, un arquitecto de Barranco Invertido, argumentó, “y si la ciudad fuera lo contrario? En lugar de barrios marginales invisibles, se convirtieran en parte del paisaje cotidiano.” El espacio vacío y empinado entre las profundidades y las mesetas de los barrancos, en la opinión de Esteban, es lo que ha impedido que la municipalidad realice intervenciones serias en las desigualdades sociales y toxicidad que existen por debajo. Mientras las ideas para las casas flotantes y el transporte público son metas de alcance lejano, un parque ecológico llamado Jungla Urbana ubicado en un vecindario de clase media en Zona 15 y un puente que conecta la gran división del barranco en un vecindario en Zona 5 conocido como Primero del Julio han sido realizados.

Un barranco sin desarrollo, lleno de árboles

Foto por autora: El Barranco en Zona 3, Ciudad de Guatemala

Emerge el Vacío

Para los arquitectos, la forma ecológica única de un barranco produce un espacio inmaterial con el que es difícil de interactuar en un nivel de planificación. En lugar de utilizar las pendientes físicas de los barrancos, el espacio flotante que reside entre las mesetas de los barrancos es de interés para el desarrollo. Con sitios con poco límite o sin límite, estos espacios flotantes—ó vacíos—son problemáticos para trabajar a un nivel conceptual. Como Gastón Gordillo ha argumentado, la negatividad de un vacío en realidad tiene una presencia positiva y “puede ser en sí mismo un tipo de lugar,” una “escena de surgimiento (Casey 1997,17, 19-20)” (cite en Gordillo, 2012:57). Además, las nociones de estos vacíos están “subsumidas a estos lugares en el sentido de que vacío es un lugar, pero uno que es ‘desprovisto de cuerpo” (2012: 57). Esta ausencia de un cuerpo material no solo dificulta los modos de diseño que pueden existir en un espacio flotante, sino que también difumina los tipos de espacios que pueden diseñar y desarrollar. Si el espacio vacío que producen los barrancos entre sus mesetas puede considerarse como un vacío, y si los vacíos son lugares en lugar de espacios vacíos o desocupados, los arquitectos de Barranco Invertido están interesados en llevar el ambiente construido a un lugar “desprovisto de cuerpo.” En otros términos, esta atención al espacio único que ocupan los barrancos, no solo sus límites, sino el espacio vacío o desocupado producido entre sus mesetas, los transforma en un espacio actualmente desperdiciado y una oportunidad futura para mejorar la Ciudad de Guatemala. Por lo tanto, los barrancos se convierten inmediatamente en espacios desperdiciados con el potencial de desarrollado y construcción de la Ciudad de Guatemala una vez que se hayan considerado lugares que tenían el potencial de ser planificados en primer lugar. Además, la verticalidad de un barranco siguiere una nueva concepción de que espacios se pueden construir, además de añadir que tipos de espacio se pueden desperdiciados. [4]

En general, el espacio vacío o desocupado que se encuentra entre las mesetas y las profundidades de los barrancos son espacios de desarrollo que anteriormente no se reconocían. A los ojos de los arquitectos, es precisamente su subdesarrollo lo que ha estado impidiendo una Ciudad de Guatemala más unificada. Si el llamado “buen diseño” de los barrancos pudiera aliviar la desigualdad social y ambiental al reconocer que el entorno natural y social son influidos mutuamente, los arquitectos primero necesitaban designar los barrancos como espacios vacíos o desocupados que necesitan un diseño para eliminar los problemas que la verticalidad del barranco crea. El espacio vacío o desocupado entre las mesetas y las profundidades de los barrancos se convirtió en un sitio de imaginación para puentes, escaleras, casas flotantes y más, que podrían llenar cuidadosamente los espacios vacíos o desocupados que ya existen. Haciendo eco a lo que Gastón Gordillo ha teorizado sobre la presencia positiva de los barrancos, los arquitectos conceptualmente convirtieron las dimensiones del espacio que flota entre las mesetas de los barrancos de espacios inexistentes y desocupados a espacios desperdiciados. El reconocimiento del potencial de desarrollo de estos espacios es precisamente lo que hizo que su subdesarrollo y no desarrollo fuera potencial desaprovechamiento para la unificación de la Ciudad de Guatemala. En otras palabras, el concepto del vacío ha ayudado a visualizar los espacios flotantes libres de los barrancos como lugares particulares—un descriptivo que abre posibilidades para que las nociones del ambiente construido puedan y deban residir. 

Notas

[1] Por ejemplo, uno asentamiento informal en el barranco conocido como La Limonada contiene más de sesenta mil residentes.

[2] Este plan de uso de la tierra es parte de una iniciativa municipal más grande conocida como ‘Guatemala 2020,’ un plan que tiene como objetivo tomar en consideración los diversos usos y colaboraciones entre el ambiente urbano y el ambiente natural.

[3] Inversión para Barranco Invertido es un concepto que trabaja para visualizar y colapsar las cualidades espaciales de los barrancos.

[4] Las narrativas de desarrollo y nociones de la frontera siguen siendo fundamentales en la imaginación de los futuros de los barrancos. Por obtener más información sobre la crítica del desarrollo, consulte Escobar (2018; 1994).


Referencias

Battaglia, Debbora. “Coming in at an unusual angle: Exo-surprise and the fieldworking cosmonaut.” Anthropological Quarterly (2012): 1089-1106.

Braun, Bruce. 2000. “Producing Vertical Territory: Geology and Governmentality in Late Victorian Canada.” Ecumene 7 (1): 7–46.

Casey, Edward. The fate of Place: A PHilosophcial History. Berkeley: University of California Press, 1997.

Escobar, Arturo. Designs for the pluriverse: radical interdependence, autonomy, and the making of worlds. Duke University Press, 2018.

Escobar, Arturo. Encountering development: The making and unmaking of the Third World. Princeton University Press, 2011.

Gordillo, Gastón R. Rubble: The afterlife of destruction. Duke university press, 2014.

Harris, Andrew. “Vertical urbanisms: Opening up geographies of the three-dimensional city.” Progress in Human Geography39, no. 5 (2015): 601-620.

Hayward, Stephen. “‘Good Design Is Largely a Matter of Common Sense’: Questioning the Meaning and Ownership of a Twentieth-Century Orthodoxy.” Journal of Design History 11, no. 3 (1998): 217–33.

Jaguaribe, Beatriz. “Modernist ruins: National narratives and architectural forms.” In Alternative Modernities, Duke University Press, 1999.

Monterroso Juarez, Raul Estuardo, et. al. “Ciudad/Barranco: Análisis estratégico de potencialidad y economía territorial de los barrancos del Municipio de Guatemala como herramienta para la sostenibilidad en los asentamientos humanos.” Universidad de San Carlos de Guatemala, 2014.

Mostafavi, Mohsen, and Gareth Doherty, eds. Ecological urbanism. Lars Müller Publishers, 2016.

O’Neill, Kevin, and Benjamin Fogarty‐Valenzuela. 2013. “Verticality.” Journal of the Royal Anthropological Institute 19 (2): 378–89.

Scott, James C. Seeing like a state: How certain schemes to improve the human condition have failed. Yale University Press, 1998.

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The Lungs of Guatemala City: Architects’ Efforts to Conserve an Urban Ecology

by Melanie Ford , 1 octubre 2018

Artículo publicado originalmente por OFFCITE el pagina web del Architecture + Design Review of Houston, Texas

Link de la pubblicación:

 

Melanie Ford is a PhD student in the Department of Anthropology at Rice University where she is also a co-coordinator of the Ethnography Studio and fellow at the Center for Energy and Environmental Research in the Social Sciences and Humanities (CENHS).

Guatemalan architects tell me that the lungs, los pulmones, of Guatemala City are ravines, living and breathing, part and parcel of the urban life of la ciudad. Indeed, from a bird’s eye view, the ravines themselves evoke the arterial network of lungs, stretching far out into the city center and deep into the volcanic foundations of the country. Yet, if the ravines are the lungs of Guatemala City, architects tell me that there is cause for concern. At one scale, ravines, or los barrancos, are sites of Guatemala City’s most pressing environmental issues. Out of sight and out of mind, the ravine depths are landscapes once sculpted by water but now shaped by landfills and sewage infrastructures. At another scale, ravines host much of Guatemala City’s urban poor. After the thirty-year civil war and genocide, many sought refuge under ravine foliage, informally building communities that continue to grow more permanent each passing day.

Informal settlement known as “La Limonada” in a ravine of Guatemala City. It is estimated that at least 60,000 people reside here. Photo by author.

The Guatemala City garbage dump, among the largest landfills in Latin America, located in a city ravine. Photo by author.

In 2010, however, a local group of architects turned their attention to these ravines, alluding to them, on the one hand, as spaces of waste and, on the other, as wasted spaces. Architects I spoke with argued that rapid urban growth and the absence of action to properly plan for the influx of residents, and their subsequent use of resources, has led to a disconnect between Guatemala City residents and their surrounding natural environment. In what they have described as a grassroots movement, these architects have taken it upon themselves to research and argue why ravines are important sites for conservation and how to best do so. In a 2014 report from the Universidad de San Carlos de Guatemala architecture school coordinated by Jaurez Monterosso, they argued that a ravine’s vertical form further segregates communication and exchange between socioeconomic classes — a physical and literal hierarchy — and the lack of care to conserve ravine ecologies has led to an unorganized and contaminated city. Though more akin to Toronto’s deep ravines in depth, the Guatemala City ravines have some of the same opportunities and challenges around inequality that have been identified as part of Houston’s Bayou Greenways initiative. The ravines are sites that deeply bind social experience and city development. To design the ravines is to curate and maintain a cultural inheritance that these architects view as fundamental to designing a Guatemala City more socially and materially equitable and interconnected. In what follows, I detail a small portion of my summer with these architects who seek to slowly transform Guatemala City’s ravines into sites that inspire a sustainable consciousness in city residents and rekindle a vanished and local identity.

History

While there is no written history specifically about ravines and their active relationship in the bounding and building of Guatemala City, traces of historical scholarship showcase ravines as actors in the making of a Guatemalan identity since colonial rule. In 1773, Guatemala remained an audiencia, or capital site, under the Spanish king. At this time, the capital of the region was located just west of Guatemala City in a town currently known as Antigua. Over the course of several decades, Antigua would be devastated by earthquakes and rebuilt time and time again (Martínez Paláez 2009). However, in 1776 by command of the Spanish King, and after a particularly devastating set of earthquakes in 1774, Charles III of Spain ordered the capital moved to a region that would be safe from territorial threats, noting that the ravines of Guatemala City were forms that could protect the city from foreign enemies and were sites unlikely to be devastated by earthquakes or volcanic eruptions (Muir-Wood 2016). This would eventually prove to be false, but the concentration of Guatemala City in the small area enclosed by ravines ultimately became the city’s informal boundaries. After gaining independence in 1821, the capital of the country remained in Guatemala City growing outward and sporadically on ravine plateaus.

However, ravines were not just environmental forms that bounded the city to certain spaces for urbanization, but their depths were also sites of refuge for Guatemalans who were fleeing the rural countryside during the country’s civil war and genocide. A series of military dictators, stringent land reforms, and the eradication of rights of Maya and ladino peasants, forced an influx of the Guatemalan population to migrate to the capital city in search of stability (Grandin 2000). With no room to house the amount of people above on ravine plateaus, ravine depths became sites of hiding and concealment for both those fleeing violence and for those who had succumbed to it (Low 1988; Saunders-Hastings 2018). By 1996, the year of the official end to the civil war, ravine lands had been privatized by wealthy land owners or appropriated by an unstoppable force of informal settlements, rarely to be formally discussed at any municipal level until the late 2000s.

In the early 2010s, an independent group of architects banded together to create the initiative Barranco Invertido, literally meaning inverted ravine. Barranco Invertido became a working theory group, delivering a “No Manifesto” listing what ravines are not, and what ravines could be (Ciudad/Barranco 2015). Rather than advocating for typical conservation efforts, publications and research produced by Barranco Invertido have called for radical and sustainable redesign of Guatemala City’s urban future through individualizing and accessing the infrastructural, recreational, and developmental potential that each ravine possesses (Monterosso Juarez, et. al 2014). While some architects spoke to me of their imaginations for floating houses, or bridges that cross ravine’s great divides, an ecological park named Jungla Urbana (Urban Jungle) was the first project to be realized in any ravine. Their inspiration was to rekindle the once local pastime of barranquear.

Los Barrancos Nos Unen

The group Barranco Invertido defines barranquear as an “action verb that signifies the act of exploring and the spontaneous appropriation of residual space within ravines.” Ravines are not just abundant in Guatemala City, making up 42 percent of the city terrain, but, as I have argued, locate much of the city’s identity. When I spoke with architects regarding their reasoning to mobilize barranquear as the driving force for their designs, rather than say solely conserving ecological diversity, they spoke fondly to me of a pastime they remembered as children. For them, ravines were lush sites of unknowns, filled with greenery and adventure, a landscape where one could hike and play, an escape from the bustling industrialization taking place above. Other citizens I spoke with also recalled their memories of barranquear. One man smiled as he reflected upon the satisfaction of drinking the natural and clear water that trickled through the green foliage after he grew tired from playing with his friends — a stark contrast to the brown and odorous water that now runs along ravine banks. But now, even if one wanted to enjoy the ravines in a similar fashion, save for the inability to drink their water, there are seldom spaces to do so. Refurbishing ravines as sites for barranquear is not just important to these architects but vital to reclaiming sites that contain an inherently Guatemalan value. In other words, the ability to barranquear once again for these architects was to regain a sense of residency in Guatemala City that could no longer be granted. The ravines join us, they say, los barrancos nos unen.

The first project of Barranco Invertido, Jungla Urbana, is now owned by the city municipality and nestled in a narrow ravine in a middle-class neighborhood of Guatemala City. A small door, separating two homes, opens to the public every day. While its entrance could be missed if not actively looked for, guarded and greeted by one municipal worker, Jungla Urbana avails itself to anyone curious enough to venture within the ravines. Signs demarcate paths for visitors to follow, but the vast greenery of the ravine supports exploration in order to instill one’s own relationship to barranquear. While there are landmarks within the park, such as a mural with local art and a stage for community gatherings, marked paths resemble natural desire lines that give a sensorial experience, evoking the history of ravines and offering imaginations of others who might have previously roamed the space.

Entrance to Jungla Urbana. Photo by author.

Among many other landmarks and uses of the park, barranquear is designed into Jungla Urbana through the intentional arrangement of trodden paths and the remnants of construction and rubble from the ravine’s past. Alluding to cultural heritage becomes a method of conservation that, on the one hand, inspires a sustainable consciousness and support for sustainable city design, and, on the other hand, foregrounds ravines as specific ecological forms that offer possibilities of a coalition unique to Guatemala City’s locale. Architects offer ravines not only as ecological sites that should be engaged for the betterment of residents in Guatemala City (as the city’s lungs), but as an opportunity to inspire an appreciation of environmental forms that are uniquely Guatemalan (the hopeful recovery of barranquear).

Photos of Jungla Urbana by author.

How do architects and their design of ravines work to curate a connection and unification amongst Guatemala City residents? How is design deeply entwined with the conservation of memory — historically, materially, and sensorially — of ravines as social actors in the making of a Guatemalan City identity? While the architects of Barranco Invertido and their project Jungla Urbana are efforts to conserve and care for the ravines as ecological sites in and of themselves, they are just as much an effort to conserve or reignite a piece of Guatemalan heritage, a shared space and proposition for coalition.

This work is part of the author’s ongoing dissertation research; any and all mistakes are entirely her own. The author would like to thank all the members of Guatemala City’s municipality, Barranco Invertido, Fundación Crecer, and everyone in between who took their time to graciously explain, invite, and inform her ongoing dissertation research. Melanie Ford is a PhD student in the Department of Anthropology at Rice University. Fascinated by the nexus of design and ecology, her research focuses on interventions in the ravines (los barrancos) that compose almost half of Guatemala City’s terrain. She is interested in how ravines — their vertical and negative forms — are spaces of and for collaboration in Guatemala City’s urbanized and ecologically-minded future. Her research adds to existing scholarship on class, democracy, public space, property, and security in postwar and peacetime Guatemala. At Rice she is also a co-coordinator of the Ethnography Studio and fellow at the Center for Energy and Environmental Research in the Social Sciences and Humanities (CENHS).

Works Cited

Grandin, Greg. The Blood of Guatemala: A History of Race and Ntion. Duke University Press, 2000.

Low, Setha M. “Housing, Organization, and Social Change: A Comparison of Programs for Urban Reconstruction in Guatemala.” Human Organization 47, no. 1 (1988): 15–24.

Monterroso Juarez, Raul Estuardo, et. al. “Ciudad/Barranco: Análisis estratégico de potencialidad y economía territorial de los barrancos del Municipio de Guatemala como herramienta para la sostenibilidad en los asentamientos humanos.” Universidad de San Carlos de Guatemala, 2014.

Muir-Wood, Robert. The Cure for Catastrophe: How We Can Stop Manufacturing Natural Disasters. Basic Books, 2016.

Nelson, Diane M. A Finger in the Wound: Body Politics in Quincentennial Guatemala. Duke University Press, 1999.

O’Neill, Kevin Lewis, and Kedron Thomas, eds. Securing the city: Neoliberalism, space, and insecurity in postwar Guatemala. Duke University Press, 2011.

Peláez, Severo Martínez. La Patria del Criollo: An Interpretation of Colonial Guatemala. Duke University Press, 2009.

Weld, Kirsten. Paper Cadavers: The Archives of Dictatorship in Guatemala. Duke University Press, 2014.

Acerca del urbanismo táctico

El urbanismo contemporáneo se ha visto influenciado desde que la tendencia del movimiento moderno en arquitectura hiciera sus intentos por establecer los parámetros bajo los cuales debía regirse el diseño de la ciudad.

4 Grados Norte y Fundación Crecer

por Jeanne Samayoa, 27 de Marzo 2020

4 Grados Norte y Fundación Crecer


Crecer lleva 12 años repensando la forma de Hacer Ciudad en Guatemala. 

 

Nacimos a raíz de un experimento, de una necesidad: caminar en las calles de la ciudad.  Para esto, el lugar que naturalmente se prestó, fueron las calles en diagonal de la zona 4.

Así nace 4 Grados Norte en el 14 de febrero del 2001, con la intención de hacer un Distrito cultural donde su corazón fuera un eje peatonal y en las demás calles, se prioriza al peatón sobre el vehículo.  Esta era una zona muy propicia a reinventarse porque estaba subutilizada y geográficamente muy bien ubicada, cerca de la zona 9, 10, 1, 2, 15 y 5.  

Fue un éxito rotundo, demostró que los guatemaltecos queríamos salir a la calle en condiciones seguras y disfrutar del espacio público, la cultura y entretenimiento de calle.  

Fue tan exitosos, que hasta se volvió víctima de su propio éxito.  

 

En ese primer experimento, hubieron unas lecciones muy valiosas, como generar una visión compartida entre los distintos actores.  En la visión de este Distrito, no se logró visualizar la importancia de socializar la propuesta con los vecinos y que se sintieran parte de ella.  Empezaron algunas ventas de licor y las personas empezaron a tomar en la calle. Aparecieron los cuidacarros y con ellos venta de drogas, luego otro lugar que las vendía y poco a poco, esas calles llenas de cultura y familias, empezaron a cambiar.

 

Para mantener la preservar la visión, se crea Fundación Crecer con la segunda gran intervención urbana en 4 Grados Norte: La Plaza de la República.  Esta plaza es una reivindicación al Espacio Público de calidad, ya que la plaza existía, para conmemorar la revolución del 11 de Marzo, pero la habían anulado para darle prioridad a los carros.  Así en la 7 avenida, había un momento donde se anchaba y luego regresaba a sus carriles habituales.  

En esos años, en la Municipalidad de Guatemala, nació Urbanística: Taller del Espacio Público, quien ya tenía en su mirada el trazar un Corredor Central Norte/Sur en la 6 y 7 avenida.  Parte de sus activaciones para darle vida era la Plaza de La República.

Nace Fundación Crecer como un articulador público/privado para hacerlo una realidad.  El plan: hacer sótanos de parqueo que impulsaran la creación de edificios alrededor de la Plaza y priorizar al peatón dentro del barrio de 4 Grados Norte y arriba hacer una plaza hermosa, con banquetas anchas, una buena escultura, bancas hermosas (@bancaaurorafc) y arborización , para lograr un espacio público de muy buena calidad. 

 

Este es nuestro orígen.  A raíz de esto, nos dimos cuenta de la importancia de lograr una visión compartida y empezamos poco a poco a articular actores para hacer festivales que le dieran vida a la calle peatonal que habíamos abandonado.  Los locales decidieron cerrar para dejar de atraer personas, pero la visión siguió viva. Ayudamos a impulsar el PLOT que ha sido clave en el desarrollo de la calle, motivamos ampliaciones de banquetas, murales en los muros, seguridad en el barrio, y generamos comunidad. 

Estamos conciente de que la construcción de 4 Grados Norte ha sido la suma de varios sueños, atrevimientos, emprendimientos y desarrollos. 

Es una Co-creación de ciudad de la cual hemos sido parte, promoviendo una visión de ciudad más humana.  

4 Grados hoy sigue en construcción con la visión de una ciudad más humana y sostenible.

 

 

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Espacios Vacíos: Índices Arquitectónicos de Barrancos en la Ciudad de Guatemala

by Melanie Ford, 22 agosto 2019

Artículo publicado originalmente por el CASTAC Blog, el blog oficial de Comité de Antropología de la Ciencia, Tecnología e Informática.

Link de la pubblicación:

 

Nota de traducción: En la versión en inglés de este post, la autora usa la palabra “void” para separar el vacío (the void) de su definición comúnmente entendida como espacios vacíos. Sin embargo, la palabra “vacío” en español se usa doblemente para denotar un espacio geográfico y físico sin masa. La autora reconoce esta lingüística conflictiva y continúa utilizando la noción de vacío para demonstrar cómo vinculan el lenguaje y la percepción especial.

 

 

Profundos barrancos en forma de cañón fracturan el cuarenta y dos por ciento de la ciudad de Guatemala. Cubiertos de espeso, húmedo y denso follaje, estos barrancos son sitios ecológicos de polémica para los residentes a la Ciudad de Guatemala, quienes a menudo han descrito los barrancos como límites físicos que desconectan a su ciudad. Son oportunidades para vertederos de basura que están fuera de la vista, fuera de la mente; viviendas informales para pandillas, violencia y los más pobres de la ciudad [1]; así como lugares precarios donde más se sienten los daños causados ​​por terremotos, inundaciones y deslizamientos de tierra. Sin embargo, en el 2006, la municipalidad de la ciudad reclasificó estos barrancos como un “Cinturón Ecológico Metropolitano,” identificándolos como sitios que necesitan atención ecológica y de desarrollo. Arquitectos en particular se han interesando especialmente en estos barrancos, abogando por diseños con una mentalidad sostenible que puedan desarrollar y conectar estos barrancos con el paisaje más amplio de la ciudad. Argumentan que los barrancos son espacios subutilizados y contaminados que trabajan en contra, en lugar de a favor, del ambiente construido. Interesada en la clasificación y producción de espacio, a continuación yo describo las condiciones que llevaron a los arquitectos a reconocer los barrancos como sitios con potencial de desarrollo en la Ciudad de Guatemala. Para ser designados como espacios para el desarrollo, sostengo que los barrancos primero necesitan ser redefinidos volumétricamente y epistémicamente, revelando nuevos parámetros para pensar sobre dónde puede residir el ambiento construido.

En el 2008, la Ciudad de Guatemala implementó el primer plan de desarrollo en todo el país. El plan, conocido como POT o Plan de Ordenamiento Territorial, literalmente y metafóricamente colocó los barrancos en el mapa. A través de un diseño algorítmico, los planificadores urbanos de la municipalidad designaron cualquier terreno que contuviera una pendiente de más de cuarenta grados como un sitio de atención especial para la conservación ecológica. Esos terrenos se reconocieron formalmente como “barrancos.” Este método de definir los barrancos fue influenciado por la creciente preocupación por la seguridad de quienes viven dentro de ellos. En respuesta, el fallecido alcalde Alvaro Árzu aludió a que con un plan de desarrollo que privilegiaba sostenibilidad, se podría dar mayor atención a las geografías que ocupaban casi la mitad de la ciudad pero que rara vez se les daba a un nivel formal. [2] Por lo tanto, debido al diseño algorítmico de POT, los barrancos recibieron límites legales y topográficos. Esta recién atención a la topografía de la ciudad proporcionó a los barrancos una nueva definición, una que enfatizaba su volumen. Desde este punto en adelante, el territorio de los barrancos incluía no solo las pendientes geológicas laterales, pero también el espacio vertical, tridimensional entre las mesetas de los barrancos y las grietas de los barrancos.

Posteriormente, en el 2010, un grupo de arquitectos guatemaltecos locales se unieron en torno a una idea para utilizar los barrancos como sitios para la transformación y mejora de la infraestructura de la Ciudad de Guatemala. Juntos crearon el colectivo Barranco Invertido como un esfuerzo organizado para diseñar el espacio vacío y vertical de los barrancos como sitios productivos de la ciudad. [3] Cuando hablé con los arquitectos sobre sus visiones para los barrancos, con frecuencia ellos señalaron cómo la forma única de cada barranco producía territorio nuevo y único que aún no se había estudiado. Al hacerlo, argumentaron que el diseño de los barrancos haría que la ciudad fuera más cohesiva al evaluar la mejor manera de utilizar cada barranco para satisfacer las necesidades sociales y ecológicas de su ambiente local. De manera crucial, también distinguiría la ciudad de Guatemala de otras ciudades en desarrollo en todo América Latina. En lugar de ser vista como otra ciudad latinoamericana subdesarrollada, la Ciudad de Guatemala podría convertirse en un sitio del siglo XXI que muestra un sentido de modernidad a través de una implementación cuidadosa del diseño sostenible y el desarrollo idiosincrático. En otras palabras, en lugar de ser vista como una ciudad anónima, subdesarrollada y desorganizada—como sostienen a menudo las suposiciones occidentales de las capitales urbanas en el Sur Global—la Ciudad de Guatemala podría empezar a construir una reputación internacional por sí misma al centrarse, enfatizar, y desarrollar sus barrancos como topografías distintivas que representan a Guatemala como un sociedad sostenible y moderna.

A Favor y En Contra de la Verticalidad

Cuando ha escrito sobre la búsqueda de modernidad en las ciudades posguerra en América Latina, Beatriz Jaguaribe sostiene que “las ciudades capitales tienden a exhibir una simbología de arquitectura deliberada que las distingue de otras ciudades. Simbolizan la construcción o las varias construcciones de un panteón nacional” (1999: 326). Del mismo modo, los paisajes distintivos de los barrancos tienen el potencial de convertirse en sitios únicos y estéticos que exponen a la Ciudad de Guatemala como un lugar que tiene individualidad geográfica y también como una ciudad con legibilidad internacional en el contexto más amplio de la planificación urbana, el desarrollo sostenible, e igualdad social. La preocupación por la igualdad social influencia la imaginación de los arquitectos por los barrancos. Dado que el cuarenta y dos por ciento del territorio de Guatemala son grietas profundas y verdes, los arquitectos están interesados en como la ciudad podría utilizar mejor estos espacios verticales y negativos para el mejoramiento social y al mismo tiempo conservar su diversidad ecológica. Para mejorar la ciudad, los arquitectos primero identificaron algunas maneras en que las formas verticales y geológicas de los barrancos provocan o mantienen desigualdades sociales. Un arquitecto señaló un asentamiento informal al fondo de un barranco, mostrándome cómo viven los ciudadanos más pobres de la Ciudad de Guatemala en las profundidades del barranco mientras que los residentes más ricos de la ciudad residen arriba de los barrancos. Barrancos, sugirió, ayudan a apoyar una jerarquía física y social dentro la ciudad. Los antropólogos también han señalado a los barrancos como sitios que influyen mucha movilidad social en la Ciudad de Guatemala. Como Kevin Lewis O’Neill y Benjamin Fogarty-Valenzuela han teorizado, “Para empezar, la verticalidad marca otra estrategia más por la cual la clases mas altas abandonan el espacio público; elevándose por encima de los pobres, los marginados, y los violentos, se relacionan entre sí mismos o entre sí pero no con sus conciudadanos de abajo…La verticalidad estratifica a la sociedad una estrato sobre otra” (2017: 379). Los geógrafos culturales han señalado a lo largo como un orientación vertical puede abrir nuevas perspectivas dentro dimensiones sociales y complexidad urbana (Battaglia 2012; Braun 2000; Harris 2015).

Los arquitectos de Barranco Invertido están aprovechando la verticalidad, exceptuando la de los rascacielos, que definen cada vez más el horizonte de la ciudad. Al diseñar los actuales barrancos con la forma vertical de la ciudad, los arquitectos argumentan que lo hacen imbuido con el llamado “buen diseño.” Buen diseño es un neologismo crítico para mis interlocutores. Se define de manera general como el conjunto de prácticas y técnicas que mejor se ajustan a las intenciones de algún proyecto de diseño (Hayward 1998). Citando movimientos arquitectónicos contemporáneas como los Urbanismos Ecológicos (Mostafavi and Doherty 2016), los arquitectos de Barranco Invertido están profundamente comprometidos con la relación entre la igualdad social y sostenibilidad en sus practicas de diseño. La conservación es para los arquitectos ambas ecológica y cultural, donde diseñar bien con el medio ambiente (en lugar de construir sobre el medio ambiente) podría mejorar la igualdad social en la Ciudad de Guatemala. Por lo tanto, los arquitectos a sí mismos se preocupan por la cuestión de cómo unir la ciudad de arriba con la ciudad abajo, y con el menor impacto ambiental posible. Como Esteban, un arquitecto de Barranco Invertido, argumentó, “y si la ciudad fuera lo contrario? En lugar de barrios marginales invisibles, se convirtieran en parte del paisaje cotidiano.” El espacio vacío y empinado entre las profundidades y las mesetas de los barrancos, en la opinión de Esteban, es lo que ha impedido que la municipalidad realice intervenciones serias en las desigualdades sociales y toxicidad que existen por debajo. Mientras las ideas para las casas flotantes y el transporte público son metas de alcance lejano, un parque ecológico llamado Jungla Urbana ubicado en un vecindario de clase media en Zona 15 y un puente que conecta la gran división del barranco en un vecindario en Zona 5 conocido como Primero del Julio han sido realizados.

Un barranco sin desarrollo, lleno de árboles

Foto por autora: El Barranco en Zona 3, Ciudad de Guatemala

Emerge el Vacío

Para los arquitectos, la forma ecológica única de un barranco produce un espacio inmaterial con el que es difícil de interactuar en un nivel de planificación. En lugar de utilizar las pendientes físicas de los barrancos, el espacio flotante que reside entre las mesetas de los barrancos es de interés para el desarrollo. Con sitios con poco límite o sin límite, estos espacios flotantes—ó vacíos—son problemáticos para trabajar a un nivel conceptual. Como Gastón Gordillo ha argumentado, la negatividad de un vacío en realidad tiene una presencia positiva y “puede ser en sí mismo un tipo de lugar,” una “escena de surgimiento (Casey 1997,17, 19-20)” (cite en Gordillo, 2012:57). Además, las nociones de estos vacíos están “subsumidas a estos lugares en el sentido de que vacío es un lugar, pero uno que es ‘desprovisto de cuerpo” (2012: 57). Esta ausencia de un cuerpo material no solo dificulta los modos de diseño que pueden existir en un espacio flotante, sino que también difumina los tipos de espacios que pueden diseñar y desarrollar. Si el espacio vacío que producen los barrancos entre sus mesetas puede considerarse como un vacío, y si los vacíos son lugares en lugar de espacios vacíos o desocupados, los arquitectos de Barranco Invertido están interesados en llevar el ambiente construido a un lugar “desprovisto de cuerpo.” En otros términos, esta atención al espacio único que ocupan los barrancos, no solo sus límites, sino el espacio vacío o desocupado producido entre sus mesetas, los transforma en un espacio actualmente desperdiciado y una oportunidad futura para mejorar la Ciudad de Guatemala. Por lo tanto, los barrancos se convierten inmediatamente en espacios desperdiciados con el potencial de desarrollado y construcción de la Ciudad de Guatemala una vez que se hayan considerado lugares que tenían el potencial de ser planificados en primer lugar. Además, la verticalidad de un barranco siguiere una nueva concepción de que espacios se pueden construir, además de añadir que tipos de espacio se pueden desperdiciados. [4]

En general, el espacio vacío o desocupado que se encuentra entre las mesetas y las profundidades de los barrancos son espacios de desarrollo que anteriormente no se reconocían. A los ojos de los arquitectos, es precisamente su subdesarrollo lo que ha estado impidiendo una Ciudad de Guatemala más unificada. Si el llamado “buen diseño” de los barrancos pudiera aliviar la desigualdad social y ambiental al reconocer que el entorno natural y social son influidos mutuamente, los arquitectos primero necesitaban designar los barrancos como espacios vacíos o desocupados que necesitan un diseño para eliminar los problemas que la verticalidad del barranco crea. El espacio vacío o desocupado entre las mesetas y las profundidades de los barrancos se convirtió en un sitio de imaginación para puentes, escaleras, casas flotantes y más, que podrían llenar cuidadosamente los espacios vacíos o desocupados que ya existen. Haciendo eco a lo que Gastón Gordillo ha teorizado sobre la presencia positiva de los barrancos, los arquitectos conceptualmente convirtieron las dimensiones del espacio que flota entre las mesetas de los barrancos de espacios inexistentes y desocupados a espacios desperdiciados. El reconocimiento del potencial de desarrollo de estos espacios es precisamente lo que hizo que su subdesarrollo y no desarrollo fuera potencial desaprovechamiento para la unificación de la Ciudad de Guatemala. En otras palabras, el concepto del vacío ha ayudado a visualizar los espacios flotantes libres de los barrancos como lugares particulares—un descriptivo que abre posibilidades para que las nociones del ambiente construido puedan y deban residir. 

Notas

[1] Por ejemplo, uno asentamiento informal en el barranco conocido como La Limonada contiene más de sesenta mil residentes.

[2] Este plan de uso de la tierra es parte de una iniciativa municipal más grande conocida como ‘Guatemala 2020,’ un plan que tiene como objetivo tomar en consideración los diversos usos y colaboraciones entre el ambiente urbano y el ambiente natural.

[3] Inversión para Barranco Invertido es un concepto que trabaja para visualizar y colapsar las cualidades espaciales de los barrancos.

[4] Las narrativas de desarrollo y nociones de la frontera siguen siendo fundamentales en la imaginación de los futuros de los barrancos. Por obtener más información sobre la crítica del desarrollo, consulte Escobar (2018; 1994).


Referencias

Battaglia, Debbora. “Coming in at an unusual angle: Exo-surprise and the fieldworking cosmonaut.” Anthropological Quarterly (2012): 1089-1106.

Braun, Bruce. 2000. “Producing Vertical Territory: Geology and Governmentality in Late Victorian Canada.” Ecumene 7 (1): 7–46.

Casey, Edward. The fate of Place: A PHilosophcial History. Berkeley: University of California Press, 1997.

Escobar, Arturo. Designs for the pluriverse: radical interdependence, autonomy, and the making of worlds. Duke University Press, 2018.

Escobar, Arturo. Encountering development: The making and unmaking of the Third World. Princeton University Press, 2011.

Gordillo, Gastón R. Rubble: The afterlife of destruction. Duke university press, 2014.

Harris, Andrew. “Vertical urbanisms: Opening up geographies of the three-dimensional city.” Progress in Human Geography39, no. 5 (2015): 601-620.

Hayward, Stephen. “‘Good Design Is Largely a Matter of Common Sense’: Questioning the Meaning and Ownership of a Twentieth-Century Orthodoxy.” Journal of Design History 11, no. 3 (1998): 217–33.

Jaguaribe, Beatriz. “Modernist ruins: National narratives and architectural forms.” In Alternative Modernities, Duke University Press, 1999.

Monterroso Juarez, Raul Estuardo, et. al. “Ciudad/Barranco: Análisis estratégico de potencialidad y economía territorial de los barrancos del Municipio de Guatemala como herramienta para la sostenibilidad en los asentamientos humanos.” Universidad de San Carlos de Guatemala, 2014.

Mostafavi, Mohsen, and Gareth Doherty, eds. Ecological urbanism. Lars Müller Publishers, 2016.

O’Neill, Kevin, and Benjamin Fogarty‐Valenzuela. 2013. “Verticality.” Journal of the Royal Anthropological Institute 19 (2): 378–89.

Scott, James C. Seeing like a state: How certain schemes to improve the human condition have failed. Yale University Press, 1998.

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The Lungs of Guatemala City: Architects’ Efforts to Conserve an Urban Ecology

by Melanie Ford , 1 octubre 2018

Artículo publicado originalmente por OFFCITE el pagina web del Architecture + Design Review of Houston, Texas

Link de la pubblicación:

 

Melanie Ford is a PhD student in the Department of Anthropology at Rice University where she is also a co-coordinator of the Ethnography Studio and fellow at the Center for Energy and Environmental Research in the Social Sciences and Humanities (CENHS).

Guatemalan architects tell me that the lungs, los pulmones, of Guatemala City are ravines, living and breathing, part and parcel of the urban life of la ciudad. Indeed, from a bird’s eye view, the ravines themselves evoke the arterial network of lungs, stretching far out into the city center and deep into the volcanic foundations of the country. Yet, if the ravines are the lungs of Guatemala City, architects tell me that there is cause for concern. At one scale, ravines, or los barrancos, are sites of Guatemala City’s most pressing environmental issues. Out of sight and out of mind, the ravine depths are landscapes once sculpted by water but now shaped by landfills and sewage infrastructures. At another scale, ravines host much of Guatemala City’s urban poor. After the thirty-year civil war and genocide, many sought refuge under ravine foliage, informally building communities that continue to grow more permanent each passing day.

Informal settlement known as “La Limonada” in a ravine of Guatemala City. It is estimated that at least 60,000 people reside here. Photo by author.

The Guatemala City garbage dump, among the largest landfills in Latin America, located in a city ravine. Photo by author.

In 2010, however, a local group of architects turned their attention to these ravines, alluding to them, on the one hand, as spaces of waste and, on the other, as wasted spaces. Architects I spoke with argued that rapid urban growth and the absence of action to properly plan for the influx of residents, and their subsequent use of resources, has led to a disconnect between Guatemala City residents and their surrounding natural environment. In what they have described as a grassroots movement, these architects have taken it upon themselves to research and argue why ravines are important sites for conservation and how to best do so. In a 2014 report from the Universidad de San Carlos de Guatemala architecture school coordinated by Jaurez Monterosso, they argued that a ravine’s vertical form further segregates communication and exchange between socioeconomic classes — a physical and literal hierarchy — and the lack of care to conserve ravine ecologies has led to an unorganized and contaminated city. Though more akin to Toronto’s deep ravines in depth, the Guatemala City ravines have some of the same opportunities and challenges around inequality that have been identified as part of Houston’s Bayou Greenways initiative. The ravines are sites that deeply bind social experience and city development. To design the ravines is to curate and maintain a cultural inheritance that these architects view as fundamental to designing a Guatemala City more socially and materially equitable and interconnected. In what follows, I detail a small portion of my summer with these architects who seek to slowly transform Guatemala City’s ravines into sites that inspire a sustainable consciousness in city residents and rekindle a vanished and local identity.

History

While there is no written history specifically about ravines and their active relationship in the bounding and building of Guatemala City, traces of historical scholarship showcase ravines as actors in the making of a Guatemalan identity since colonial rule. In 1773, Guatemala remained an audiencia, or capital site, under the Spanish king. At this time, the capital of the region was located just west of Guatemala City in a town currently known as Antigua. Over the course of several decades, Antigua would be devastated by earthquakes and rebuilt time and time again (Martínez Paláez 2009). However, in 1776 by command of the Spanish King, and after a particularly devastating set of earthquakes in 1774, Charles III of Spain ordered the capital moved to a region that would be safe from territorial threats, noting that the ravines of Guatemala City were forms that could protect the city from foreign enemies and were sites unlikely to be devastated by earthquakes or volcanic eruptions (Muir-Wood 2016). This would eventually prove to be false, but the concentration of Guatemala City in the small area enclosed by ravines ultimately became the city’s informal boundaries. After gaining independence in 1821, the capital of the country remained in Guatemala City growing outward and sporadically on ravine plateaus.

However, ravines were not just environmental forms that bounded the city to certain spaces for urbanization, but their depths were also sites of refuge for Guatemalans who were fleeing the rural countryside during the country’s civil war and genocide. A series of military dictators, stringent land reforms, and the eradication of rights of Maya and ladino peasants, forced an influx of the Guatemalan population to migrate to the capital city in search of stability (Grandin 2000). With no room to house the amount of people above on ravine plateaus, ravine depths became sites of hiding and concealment for both those fleeing violence and for those who had succumbed to it (Low 1988; Saunders-Hastings 2018). By 1996, the year of the official end to the civil war, ravine lands had been privatized by wealthy land owners or appropriated by an unstoppable force of informal settlements, rarely to be formally discussed at any municipal level until the late 2000s.

In the early 2010s, an independent group of architects banded together to create the initiative Barranco Invertido, literally meaning inverted ravine. Barranco Invertido became a working theory group, delivering a “No Manifesto” listing what ravines are not, and what ravines could be (Ciudad/Barranco 2015). Rather than advocating for typical conservation efforts, publications and research produced by Barranco Invertido have called for radical and sustainable redesign of Guatemala City’s urban future through individualizing and accessing the infrastructural, recreational, and developmental potential that each ravine possesses (Monterosso Juarez, et. al 2014). While some architects spoke to me of their imaginations for floating houses, or bridges that cross ravine’s great divides, an ecological park named Jungla Urbana (Urban Jungle) was the first project to be realized in any ravine. Their inspiration was to rekindle the once local pastime of barranquear.

Los Barrancos Nos Unen

The group Barranco Invertido defines barranquear as an “action verb that signifies the act of exploring and the spontaneous appropriation of residual space within ravines.” Ravines are not just abundant in Guatemala City, making up 42 percent of the city terrain, but, as I have argued, locate much of the city’s identity. When I spoke with architects regarding their reasoning to mobilize barranquear as the driving force for their designs, rather than say solely conserving ecological diversity, they spoke fondly to me of a pastime they remembered as children. For them, ravines were lush sites of unknowns, filled with greenery and adventure, a landscape where one could hike and play, an escape from the bustling industrialization taking place above. Other citizens I spoke with also recalled their memories of barranquear. One man smiled as he reflected upon the satisfaction of drinking the natural and clear water that trickled through the green foliage after he grew tired from playing with his friends — a stark contrast to the brown and odorous water that now runs along ravine banks. But now, even if one wanted to enjoy the ravines in a similar fashion, save for the inability to drink their water, there are seldom spaces to do so. Refurbishing ravines as sites for barranquear is not just important to these architects but vital to reclaiming sites that contain an inherently Guatemalan value. In other words, the ability to barranquear once again for these architects was to regain a sense of residency in Guatemala City that could no longer be granted. The ravines join us, they say, los barrancos nos unen.

The first project of Barranco Invertido, Jungla Urbana, is now owned by the city municipality and nestled in a narrow ravine in a middle-class neighborhood of Guatemala City. A small door, separating two homes, opens to the public every day. While its entrance could be missed if not actively looked for, guarded and greeted by one municipal worker, Jungla Urbana avails itself to anyone curious enough to venture within the ravines. Signs demarcate paths for visitors to follow, but the vast greenery of the ravine supports exploration in order to instill one’s own relationship to barranquear. While there are landmarks within the park, such as a mural with local art and a stage for community gatherings, marked paths resemble natural desire lines that give a sensorial experience, evoking the history of ravines and offering imaginations of others who might have previously roamed the space.

Entrance to Jungla Urbana. Photo by author.

Among many other landmarks and uses of the park, barranquear is designed into Jungla Urbana through the intentional arrangement of trodden paths and the remnants of construction and rubble from the ravine’s past. Alluding to cultural heritage becomes a method of conservation that, on the one hand, inspires a sustainable consciousness and support for sustainable city design, and, on the other hand, foregrounds ravines as specific ecological forms that offer possibilities of a coalition unique to Guatemala City’s locale. Architects offer ravines not only as ecological sites that should be engaged for the betterment of residents in Guatemala City (as the city’s lungs), but as an opportunity to inspire an appreciation of environmental forms that are uniquely Guatemalan (the hopeful recovery of barranquear).

Photos of Jungla Urbana by author.

How do architects and their design of ravines work to curate a connection and unification amongst Guatemala City residents? How is design deeply entwined with the conservation of memory — historically, materially, and sensorially — of ravines as social actors in the making of a Guatemalan City identity? While the architects of Barranco Invertido and their project Jungla Urbana are efforts to conserve and care for the ravines as ecological sites in and of themselves, they are just as much an effort to conserve or reignite a piece of Guatemalan heritage, a shared space and proposition for coalition.

This work is part of the author’s ongoing dissertation research; any and all mistakes are entirely her own. The author would like to thank all the members of Guatemala City’s municipality, Barranco Invertido, Fundación Crecer, and everyone in between who took their time to graciously explain, invite, and inform her ongoing dissertation research. Melanie Ford is a PhD student in the Department of Anthropology at Rice University. Fascinated by the nexus of design and ecology, her research focuses on interventions in the ravines (los barrancos) that compose almost half of Guatemala City’s terrain. She is interested in how ravines — their vertical and negative forms — are spaces of and for collaboration in Guatemala City’s urbanized and ecologically-minded future. Her research adds to existing scholarship on class, democracy, public space, property, and security in postwar and peacetime Guatemala. At Rice she is also a co-coordinator of the Ethnography Studio and fellow at the Center for Energy and Environmental Research in the Social Sciences and Humanities (CENHS).

Works Cited

Grandin, Greg. The Blood of Guatemala: A History of Race and Ntion. Duke University Press, 2000.

Low, Setha M. “Housing, Organization, and Social Change: A Comparison of Programs for Urban Reconstruction in Guatemala.” Human Organization 47, no. 1 (1988): 15–24.

Monterroso Juarez, Raul Estuardo, et. al. “Ciudad/Barranco: Análisis estratégico de potencialidad y economía territorial de los barrancos del Municipio de Guatemala como herramienta para la sostenibilidad en los asentamientos humanos.” Universidad de San Carlos de Guatemala, 2014.

Muir-Wood, Robert. The Cure for Catastrophe: How We Can Stop Manufacturing Natural Disasters. Basic Books, 2016.

Nelson, Diane M. A Finger in the Wound: Body Politics in Quincentennial Guatemala. Duke University Press, 1999.

O’Neill, Kevin Lewis, and Kedron Thomas, eds. Securing the city: Neoliberalism, space, and insecurity in postwar Guatemala. Duke University Press, 2011.

Peláez, Severo Martínez. La Patria del Criollo: An Interpretation of Colonial Guatemala. Duke University Press, 2009.

Weld, Kirsten. Paper Cadavers: The Archives of Dictatorship in Guatemala. Duke University Press, 2014.

Acerca del urbanismo táctico

El urbanismo contemporáneo se ha visto influenciado desde que la tendencia del movimiento moderno en arquitectura hiciera sus intentos por establecer los parámetros bajo los cuales debía regirse el diseño de la ciudad.